Yendo al concierto de Skay

El tipo que atiende el almacén de la esquina de la casa de mi cuñado tiene los rulos despreocupados y el pelo largo así como le surge; y no tiene cerveza en latita -no me quedaron-  dice.

Yo tengo treinta años y me da vergüenza ir por la calle compartiendo una cerveza de litro, por alguna razón la botellita o lata personal se me hace más civilizada, más aceptable a esta altura. Pero el tipo no tiene y como no sabemos si habrá otro kiosco abierto más adelante compramos la botella para las cuadras que hay hasta el estadio: hoy toca Skay.
Mar del Plata es desoladora por la calle Juan B. justo. Fábricas, galpones y persianas bajas comparten su razón de ser con alguna bolsa volando en el aire mientras una estación de servicio allá a lo lejos difumina una luz grisácea. Un perro marrón pasa. Humo. Marcas de frenadas en el asfalto.

Vero tiene el pelo más rojo que nunca, está hermosa y le sienta natural esa botella del pico
– menos mal que no la dudaste – me dice. Su palabra siempre es la justa.
Caminamos hermosos por la calle Juan.B.justo. La cerveza que no es nada del otro mundo está muy bien ¿ como será el concierto de Skay? ¿Como hubiese sido esta misma escena doce años antes cuando cada uno caminaba solo por su cuenta?
Esta noche tiene el sabor de la revancha, como cuando pensás en volver al secundario pero con la experiencia que ahora tenés, y disfrutamos de todo al máximo.
Las mismas cosas que hubiésemos hablado a los veinte vuelven en estas cuadras: ¿es posible tomar en serio esta vida absurda?¿que se va a inventar después del cine? ¿Playa o Montaña? ; pero vuelven de un modo distinto ahora: ambos tuvimos viajes y desaciertos, vimos, vivimos o lloramos las mismas películas y explicamos las mismas situaciones con los mismos capítulos de las mismas cosas que sin embargo ahora cambiaron de perspectiva con los años; ambos dejamos de odiar un poco a la gente y tal vez nos hemos amigado por lo bajo con la idea de tomar un poco en serio todo esto, pero no demasiado. Hay que cuidarse
Nuestro modo es distinto ahora.
La cerveza individual que no hubo es la mejor casualidad en esta noche de revancha azarosa y simple. Sin ira. Caminar y compartir la noche del pico, la luna ya asoma. Estamos intactos. Iguales pero distintos. Como el cielo. Como Skay.

 

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