el ciego y los ogros

 

Todos saben que los ogros viven adentro de un limón.
No es que no existan sino que nadie los ve porque viven allí.
Solo un encantamiento hará que salgan de su casa, y consiste en tomar una semilla de ese limonero y bañarla con una lágrima y agua de cierto estanque.
Todos lo saben y ponen mucho cuidado en no sacarlos de allí, al fin y al cabo estamos bien sin ellos y no sabemos lo que sucedería si vienen a nuestras ciudades, a nuestros subtes llenos, a mandarnos mensajes de texto, a usar nuestras plazas, a caminar por la sombra, a sesionar en diputados, a apostar en las carreras, a darles de comer a las palomas de la plaza de mayo, a fabricar mayonesa, a bailar en nuestras discotecas de moda con nuestra ropa de moda la música de moda, a competir en el mercado laboral, a sellarnos la renovación del pasaporte, a conducir nuestros noticieros y colectivos, a regar nuestros ríos con los mismos excrementos, a jugar en primera, a debatir en los foros de internét y abrir cuentas en las redes sociales, a hacer nuestras colas para cobrar la jubilación, a educar a nuestros hijos, a actuar en películas, a chocar nuestros trenes, a usar nuestras joyas y comer nuestra pasta. Así estamos muy bien. Y por eso nadie despierta a los ogros que viven adentro de ese limón.

Mientras tanto un señor que desconocía esos asuntos buscaba limón para su almuerzo. Nada sabía pues recién despertaba luego de varias décadas congelado.
Va al limonero del jardín de su mansión y arranca un limón, lo huele, lo acaricia. Ordena a su cocinera que fría uno de esos filetes de pollo apanados (también congelados) y se lo sirva en la mesa junto con una copa de agua. Walt Disney solo toma agua.
Corta el limón y aprieta un gajo hasta hacer brotar el jugo, que justo antes de caer sobre la milanesa estallará tambien un chorrito certero en su ojo izquierdo. Le arde, una lágrima espesa corre ácida y salada por la mejilla de Walt que toma la copa de agua (también con su mano izquierda) mientras que con la derecha exprime el resto del limón en el líquido. Bebe pacientemente. La lágrima de su mejilla rueda hacia el vaso que automáticamente comienza a ebullicionar. Walt se queda atónito, no sabe si lo que ve es el sueño de su criogénesis o si está despierto y es real que ogros y más ogros salen despedidos de su vaso.
Millones. Como pequeños bichitos que se van agrandando al hacer un par de pasos y corren por la casa, rompen muebles, chapotean en la piscina,se dispersan por las avenidas, rompen las vitrinas de los locales, orinan y defecan en público arrojando sus excrementos por el aire. Mientras los Ogros siguen saliendo de a miles por el vaso que todavía está arriba de la mesa, tres de ellos toman prisionero al viejo Walt, lo atan, lo violan por las orejas, rompen sus libros color pastel, y dominan al mundo en cuestión de días.
Podría decirse que gracias a Disney los Ogros recuperaron el mundo.

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