Las babas del 42

 

Claro que di muchas vueltas antes de salir de casa, muchas más que todas las que dieron las letras, párrafos, líneas, títulos y publicidades del periódico cuando las estaban diagramando en diseño de edición: después, acabaría saliendo impresa la noticia cubriendo casi media tapa del diario… antes de eso había estado pensando todo el día en ir hasta la explanada que está al pié de la biblioteca nacional y sentarme a escribir tranquilamente. Determiné que si eso había pensado en hacer (escribir en barrio norte) eso debía llamarse intuición y por alguna razón importantísima era necesario hacerle caso omiso. Agarrarme de esa intuición como del extremo de un hilo y comenzar a tirar para ver a qué estaba atada. Rodearme de verde, dar una vuelta por aquella zona tranquila de Barrio Norte, tal vez tomar un café.

Pues bien, estoy en las escalinatas de la biblioteca nacional esperando. Recorro el lugar donde más al fondo se semidistingue un parque oscuro y difuso. Tomo asiento apoyándome sobre una pared inmensa y saco mis cuadernos. No muy lejos veo tres siluetas: una chica oriental, joven muy flaca y con un cierto desinterés total por todo lo que la rodea. Se la nota absorta en su tarea de dibujar en un cuaderno sentada en el suelo.

La otra silueta, de mujer también, está sentada dentro del sector oscuro del parque, fuma pausadamente y con fuerza, el cigarro le ilumina el rostro a cada pitada que da.

El tercero es un hombre de vestimenta otoñal.

Por un momento pienso que los tres, los cuatro contándome a mí, estamos ahí por algo, por alguna casualidad que ninguno traspuso aún.

Levantando ese hilo que lleva hasta la chica oriental me acerco lentamente hasta interrumpir su dibujar diciendo

– hola ¿te puedo hacer una pregunta?

– sí

– ¿que estas pintando? te vi concentrada y me dio curiosidad….

– no pinto, dibujo para ser más exactos, y te estaba dibujando a vos sobre aquella pared del fondo tal como estabas hace un momento sentado escribiendo. Me preguntaba acerca de qué estarías escribiendo… apostaría que un cuento policial o algo por el estilo. Seguro alguna historia con un crimen.

– mmm…espero no desilusionarte pero en realidad escribía haikus… bueno, adiós.

– chau, suerte…y dejá el haiku que la noche está mas para una historia de crimen, créeme: nadie lee haikus, ni en japón los leen – se ríe

Sigo un rato en lo mío y los haikus, luego me acerco a los píes de la escalinata grande donde está la otra mujer terminando un cigarro, y subido ya al tren de mi recorrido por los desconocidos de la zona medito en qué decir, en cómo entablar conversación. Disimulado contemplo la rara expresión que tiene esa mujer, ojos calmos mirando sin mirar nada…

– ¿Hace un frío de morirse eh..? – digo tontamente como por decir algo.

– justamente, morirse. Eso lo que se merecía el cerdo de mi marido. Lo maté esta tarde.

– …qu..que?

– Lo que oíste. ¿y querés saber porque? porque lo intuía, el hijo de puta me engañaba… Jorge Álvarez murió hoy. No importa cómo… si lo maté con raticida en el café o veneno en el almuerzo, ahora hay un forro menos. El mundo del deporte después de todo me agradecerá un poco la muerte del hijo de puta de Jorge Álvarez ¿tenés un cigarrillo?

Mientras terminé de acomodar mis estructuras mentales a lo que acababa de escuchar, y de superar el miedo de estar al lado de una loca asesina que me está pidiendo un cigarro que a su vez no tengo, alcanzo a preguntarle si su marido era deportista.

– Periodista deportivo, como el boludo de Niembro – contesta

Estaba consumiéndose el eco de sus últimas palabras cuando alcancé a pensar si tal vez no se trataría de la loca habitual del barrio más que de una verdadera criminal con todas las letras. Cosas de la vida.

La veo irse por las sombras del parque puteando a Jorge Álvarez una vez más. Me quedo perplejo sin saber qué hacer, si ir a la policía o qué… Intento quedarme tranquilo pero me es imposible, tiemblo nerviosamente. Miedo. Hago un recuento de todo lo sucedido ese día. A toda velocidad se suceden imágenes fuera de foco: desde la mañana en que intuí determinada cosa, hasta el tren, ahora la señora hablando de asesinato, intuición, engaño…por un momento pienso en la Japonesa: La visualizo como a una maga oriental extraña y mística que dibuja el destino de las tres personas que estamos en aquella explanada teatral de Barrio Norte. La imagino riendo, pensando en qué hacernos hacer cual si fuéramos marionetas de su voluntad. Imagino a cada uno de los allí presentes movidos por finos hilos invisibles que maneja ella.

Imagino también que su ”la noche está mas para una historia de crimen” soltado al pasar, de alguna manera podía haber sido una señal de alerta de esa Maga Oriental, como una pista soltada sutilmente poniendo a prueba mi astucia para atar cabos de la trama. Veo un gato en la oscuridad mirándome.

Veo también al tercer sujeto, el otoñal, que comienza a caminar lentamente. Tal vez viene hasta mí, o tal vez va hacia la salida, pero por como viene la noche no quiero averiguarlo. Imagino ya a la China riendo mefistofélicamente a carcajadas estruendosas y mas oriental que nunca pensando en cómo hacer al tercer tipo darme muerte sorpresiva. Me imagino con sangre desde el suelo sin poder levantarme viendo al felino que como en un final de película se relame las manos indiferente y se aleja silencioso.

Mientras estoy paranohiqueando el tipo se acerca más y más. Entonces resuelvo levantarme rápidamente y en el apurón todas mis cosas vuelan por el aire, de tal suerte que mi carné de prensa hace un efecto planeador en el aire y acaba aterrizando justo a los pies del sujeto otoñal. El tipo se acerca con una sonrisa, me lo extiende amigablemente, y con tonada de campo pregunta – ¿ sos periodista che?

– Si –

– Yo recién llego de Santiago a visitar a mi primo, es periodista deportivo. Jorge Álvarez ¿lo conoces? Bah, acá en capital nadie se juna con naides pero… como sos del ambiente…capaz 

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