viaje a la plata

musica! (click)

El viaje comienza a escribirse aquí, en una YPF al costado de la autopista Bs As-La Plata, pero comenzó mucho antes. No sé exactamente el viaje de que o qué viaje, tampoco sabría decir que significa exactamente viajar.

Hoy desperté con el plan a cuestas de tener una vivencia. Solamente ir a algún lugar, hacer algo, después contar acerca de eso… tal vez , solo tal vez, luego alguien llame a eso un viaje

O tal vez no, tal vez para que exista viaje tiene que haber una razón, un motivo. Tal vez se deba tener un sentido prefijado para cada acto para evitar correr el riesgo de ser un ridículo, un absurdo, un tipo sin sentido entregado al azar.

Creo que viajo para encontrarme a mí mismo fuera de la cotidianidad en que los motivos dominan mis actos: trabajar, estudiar, cocinar, ordenar, llamar a algún amigo. Tal vez viajo solo para encontrar algo acerca de qué escribir. Voy a la Plata ahora.

Ya salí de casa. Fue difícil: los sentidos puestos en las cosas paralizan los actos simples. Acostumbrado a tener horarios, compromisos, responsabilidades que imprimen cierta inercia y previsibilidad a mi andar, a mi proceder, cierto plan mental configurado en mí; hacen que salir así, sin saber exactamente a dónde ni a qué, me den una liviandad que de alguna manera me inmoviliza.

-Primer problema: ¿qué llevo? ¿Qué necesito si no sé qué voy a hacer?

Dependerá también del medio de transporte en que me mueva ¿voy en tren o en moto? condicionamientos, tiempos, preocupaciones.

Salí, no sé como pero salí. Harto de tardar más en preparativos que en todo lo otro. Subo a la moto. Frío. Vuelvo por abrigo. Añado también el mate del que había desistido al ya hecho kit de viaje (la cámara y el cuaderno siguen allí) setenta pesos, un juego de palos chinos, dos libros… Salgo nuevamente.

Autopista Lugones.

Cerca del obelisco, pienso en detenerme al costado de la autopista y tomar una foto: la villa Treinta y uno es imponente. En cierto lugar, a la altura del puente donde la carretera hace la curva final antes de la gran recta que desemboca en la Nueve de Julio, puede verse un conjunto de construcciones de unos cuatro o cinco pisos en torno a una especie de plaza. A lo lejos, cierto paredón contiene un pasacalle que dice “Mundo Villa” con letras negras bien grandes. Es domingo, hay mucha gente. ¿Qué hace la gente allí? me recuerdan un patio en un recreo de colegio. Allí, en esos lugares la vida cotidiana parece ser menos privada, más hacia afuera… por un momento observo a través de una de las ventanas cercanas que casi toca la autopista a una pareja de mujeres que charlan y toman mate. No me ven, es muy rápido todo. Pienso qué estarán pensando y de que estarán hablando.

Sigo.

Subo a la segunda autopista: Bs As- La Plata.

Segundo y gran problema: El viento.

El viento me bambolea la moto para todos lados. Mi moto no es muy grande y no tiene gran estabilidad, no está diseñada para realizar largas distancias. Los camiones me pasan muy cerca a toda velocidad, sabiendo tal vez (o no) que a su paso la moto oscilará en su recto andar por el efecto de “vacío de aire” que le provocarán al sobrepasarla. Los autos me adelantan impiadosos zumbándome al lado. Llego a un gran puente. ¿Avellaneda? la altura me produce mucho vértigo. Estoy extremadamente tenso. No puedo detenerme aquí. Tampoco puedo volver atrás. Tampoco puedo ir demaciado lento porque los autos me pasarían por encima. Voy pegado a la banquina que es amplia, pero está sucia, con piedritas , manchas de aceite y un montón de porquerías más. Es muy alto el riesgo a derrapar; sin contar que cuanto más cerca de los costados del puente estoy más se acrecienta la sensación de vértigo por la altura. Evito mirar a los lados, solo miro hacia adelante, fijamente hacia adelante. Procuro negar el precipicio. Si atino a ver los costados me invade el miedo, el vértigo y el temblor. Siento que vuelo. Estoy en el aire. Me lleva el viento. Los camiones me pasan por los lados…

Crucé. Siento un gran alivio. Finalmente crucé.

Determino entonces que llevo ya un tiempo considerable de viaje arriba de la moto. Elijo darme un respiro y dárselo al motor también. Hago un alto en esta YPF. Sopeso mis billetes en torno al precio abusivo de los productos en las grandes cadenas de estaciones de servicio. Me acomodo en una de las mesas que dan a la ventana . El cuerpo me tiembla. Me siento liviano como una pluma. Calculo que la adrenalina y las tensiones me deben haber hecho consumir bastante energía. Sin darme cuenta estoy analizando a las personas que entran en la cafetería de la estación. Recuerdo a la pasada también a otras estaciones de servicio bien lejanas. Recuerdo también otros viajes. Comparo lo distinto de las estaciones de servicio en las ciudades a las de los sitios como éste no tan urbanizados. Aquí la gente almuerza. Aquí la gente realiza una pausa.

Las noticias como eco de fondo emitido por una tele me causan cierta impresión extraña. Mi viaje es absurdo, tal vez. Escucho una conductora de la CNN, hablando un castellano con acento vaya a saber de que país (sospecho que tal vez de ninguno) comentando asuntos del mundo bursátil. Eso parece importante: los mercados. Escucho unas 5 o 6 veces a la conductora decir “jornada de mucha volatilidad en los mercados”. Me río.

Volatilidad.

Viento.

Viajo a La Plata.

Los capitales se van volando.

Capitales bursátiles.

Capitales volátiles.

Capitalizo mi volatilidad mental en una asociación tan poco favorable a la economía de la comprensión, que ya no es negocio ni explicarme, ni buscar explicaciones. Volátil. Como el recuerdo que me asalta de aquel libro de Kerouak que casi me vuelve loco, o como el recuerdo de aquel mural extraño sobre la pared cerca de mi ex trabajo que decía “la vida es fácil”

La tele vuelve a revolver el vuelo o provocar un alto. Me distrae. Me volatiliza. Estoy a punto de retirarme, cuando el empleado de seguridad haciendo “zapping”, se detiene en una emisión sobre las festividades religiosas en San Pablo, afuera sopla mucho viento… a dos metros de mí, en una pantalla, alguien cuenta que en un lugar de San Pablo miles y miles de personas asisten a una iglesia evangélica que combina la música de rock en sus sermones junto con peleas en un cuadrilátero al estilo ring de boxeo ”- luchamos contra el diablo-” alcanzo a escuchar que contesta el cura de esta iglesia al reportero… Afuera más viento… Adentro ahora, una morocha bien bonita hace su ingreso al local exacerbando la estética ruta yanqui de película que se va imponiendo lentamente en el ambiente: el pelo arremolinado cae cubriéndole el rostro, los anteojos negros con la leyenda Ray Van en la patilla, negras botas altas de cuero, calzas grises, llaveros brillantes varios y la billetera rosa peculiarmente grande en la mano izquierda. Cuando se retira observo que tiene una mancha negra de nacimiento de considerable tamaño en su mejilla ¿ me creería si le digo que le queda muy bien?…mejor me voy… Acelero, dejo atrás solo camino y me aproximo a más camino.

Ahora el horizonte es simple. Ruta. Amplias nubes.

Algún arroyo sucio también.

Omnipresente, la símil construcción precaria de ladrillos naranjas sin revoque hace su aparición segura y constante en algún punto de la visual.

Manchas de animales aplastados contra el asfalto cada un par de kilómetros no faltan. Diría que ya no son ni animal muerto siquiera, sino tan solo un pelaje roñoso que no provoca ni lástima ni pena. Algunas huertas con sus cobertores de plástico transparente.

Carteles de propaganda política. Scioli arrasa en lo que hace a cantidad de carteles colocados.

Desciendo la velocidad, juego a tratar de mantener fija en 60 la aguja de kilometraje hasta el próximo puente: pierdo conmigo mismo, mi ansiedad gana esta contienda. Pero es lógico, el camino es eterno, es imposible no acelerar, el puente no se acercaría nunca. Me obligo a la paciencia de mantenerme a 60 kmph nuevamente, esta vez lo consigo, pero no alcanzo la calma interior, realmente siento el deseo de acelerar aunque no lo haga.

:Bienvenidos a la Plata -Sí, freno, saco la foto al cartel, pido el mapa de la ciudad en la oficina de turismo, etc.

ETC

Señor lector. Este viaje podría ser un gran etc. Quiero aclarárselo ahora, para que no se desilusione luego. No lo voy a intentar mantener en vilo esperando algo que no llega. En este viaje no pasa nada maravilloso. Usted, como yo al escribirlo, tal vez piensa que ahora, cuando llego a la Plata, es cuando sucederá “Algo”. El momento que justifica este relato. Pero no. Es precisamente lo contrario. La historia que podría comenzar acaba aquí. Ya no hay nada. He llegado a donde me propuse. Ahora ya no hay búsqueda, no hay nada memorable que esperar, vivir la experiencia de habitarme aquí es un acto tan efímero que casi ni es estar. Parecía mas real el anhelo, la expectativa previa, todo lo otro que me trajo.

Estoy solo. Estoy aburrido. Tengo hambre. El día está nublado. Me doy cuenta con el correr de las horas que le intento buscar mística a la ciudad y no la encuentro; que quiero descubrir alguna prueba fabulosa de la masonería arquitectónica que me revele alguna verdad que cambie todo, pero eso tampoco sucede.

Los domingos nublados en la Plata son muy recomendables para espíritus suicidas que quieran encontrarse cumpliendo su cometido. Los locales muestran por doquier su tajante persiana baja. Los restaurantes que le prometieron raviolones a mis fantasías gastronómicas ya han cerrado siendo apenas las tres de la tarde. La foto de la catedral quedó bien pero no cambia las cosas. El bus turístico se pasea con 3 personas…

Me encamino a la salvación angustiosa del fiambre en la góndola de un supermercado. Alegro mi compra con un porrón de cerveza negra que a su vez me condicionará tal vez a no huir despavorido de mi propósito de estar un par de horas aquí. Es probable que esa cerveza llame a otra, y esa segunda me obligue a una demora de un par de horas deambulando para regresar conduciendo sin vestigios de alcohol … y en esas horas del medio quién sabe…quizá suceda algo.

Llego a un lugar llamado el paseo del bosque. Me siento. Almuerzo. Observo. La cancha de Gimnasia Y Esgrima a mis espaldas. Luego de caminar unos metros creo ver a una conocida en un grupo de chicas. Me acerco

-¿Amadora?

– ¿Mariano? ¿Qué haces acá?

– No sé, tomo una cerveza. ¿Vos? Tus amigas tienen cámaras grandotas. -Vine a acompañar a unas amigas que tenían que sacar unas fotos, un trabajo para la facultad, algo así

– Siempre te cruzo en lugares extraños.

Y aquí omito relatar otros encuentros furtivos con la tal Amadora porque la verdad, es que a pesar de haberla cruzado (después de terminar el colegio secundario) siempre casualmente y en lugares inverosímiles, fue siempre más protagonista del hecho el encuentro mismo en sí mismo que la persona con la cual sucedió. Otra vez, a los diez segundos no sabremos qué decirnos.

En el parque tomé una foto bonita desde dentro de una cascada. Tomé algunas más pero me aburrí pronto. Salté por encima de un enrejado para hacer otras fotos en un viejo teatro al aire libre. Me sentí bien de haber entrado donde las vallas no me dejaban para lograr mi cometido, íntimamente rebelde y feliz; pero cuando estaba regodeándome en mi osadía pude ver una familia tomando mate tranquilamente y una puerta de acceso distante en la que no había reparado.

El día siguió avanzando. Pululé por varios sitios. Hablé con cuatro o cinco humanos y decidí que era tiempo tal vez de volver. Le di una oportunidad más a una Plaza llamada Italia. Le di una oportunidad más a esta historia de ser mas funcional al merecimiento de un relato (bajo los cánones de aceptación de lo que imagino relatables) de aparecer en algún recodo proponiendo alguna circunstancia… Esta historia, pienso, podría ser como un etc en una lista de cosas ¿qué es un etc? Etc es todo lo relativo a la temática de una lista, todo lo que podría vincularse o deducirse que podría contener esa enumeración inicial, pero que por una comodidad enunciativa se acuerda resumir en tres simples letras en lugar de enumerar “todas las cosas de la vida” ( lo cual por otro lado llevaría un tiempo demasiado largo).

Etc . Mas paisaje. Etc. Plaza Italia, en ella música de samba de un lado, rock del otro y funk casi en el medio de la plaza. Todas las músicas ejecutadas en vivo y con diferentes calidades de etc. Todos los músicos y espectadores parecen estar en feliz armonía. De un lado el folclore y la predominancia del mate, del otro pelos largos y cerveza. En el medio, otro etc distinto. Me despedí pronto de Plaza Italia para no salir de noche a la autopista, así que apuré un café que me desperezara y saboreé la idea de seguir escribiendo en casa.

Al salir se me ocurrió revisar las luces. Para mi sorpresa no funcionaban bien las traseras… Etc:Conseguir una lamparita de 5v un domingo a las 7 de la tarde en La Plata. Etc: Recorrer varias estaciones de servicio hasta que un empleado sugiere la posibilidad de tener más esperanzas de encontrar el foco de repuesto en un supermercado grande. Etc: Preguntar las calles, estar lejos, encaminarse.

Etc: Ultimas dos estaciones de servicio, una no tiene lo que busco, Etc. Etc: lubricentro cerrado, otro empleado que dirá – no macho, ni idea donde podes conseguir,menos un domingo a esta hora- etc, etc…

Pero ahora, en este intento, hay un alto, una prórroga. Un etc distinto porque si bien es la misma estación de servicio, el mismo lubricentro cerrado, la misma modorra de domingo; me recibe esta vez una sonrisa amistosa, personal, estampada en una linda chica de ojos verdes. Se ríe (no hay etcéteras en su sonrisa) – Algo tengo que hacer por favorecer la historia en este relatar pasajes- pienso

Sí, tengo algunas lamparitas por ahí al fondo, pero ni idea cual de todas será, creo que todas son de auto –

Estaría bien en este punto del relato que se acaben las enumeraciones, los listados. Contar que sucede algo, que tengo una historia que traer de ese comercio con esa chica a la Capital, pero en cambio él viene a la acción ahora. El odioso empleado que sabe de mecánica hace su aparición aquí, etc,etc. Él, que tiene que explicarme como se coloca la lamparita y darme consejos y etcéteras. Él, que no entiende que yo prefiero quedarme conversando con el no saber tan simpático y bonito de la chica de ojos verdes y no con esa otra historia de lamparita cambiada a la perfección y listo etc, etc, fin.

– Bueno, dame la lamparita – le digo –

La cambio, sin embargo no funciona la luz con la lámpara nueva tampoco.

– debe estar en cortocircuito algún cable – me dice él.

Etc: Dos horas desarmando la moto para encontrar la posible falla con la escasa ayuda que brinda un cortaplumas chino. Etc: recordar a papá cuando frenando en la ruta 2 al volver de Mar del Plata revisaba el motor del auto que recalentaba. Ver pasar a ella que sale a conversar a la playa donde cargan combustible sus compañeros y hacer algún chiste. Ver que me mira. Notar que sonríe con sorpresa.

-todavía acá. ¿Qué hacés nene?-

-¡Y, sí!… te digo algo… llevo un tiempo largo intentando arreglar esto y es una tortura, pero ¿es necesario que además esté Chayanne sonando constantemente en esta estación? … algo debo haber hecho para que me castiguen así las circunstancias ¿no?- risas.

– Y yo estoy todo el día metida acá – me dice mientras se acomoda el pelo negro – ¡me está matando! no sé quién puso la música pero posta que flasheó mal –

-Antonela – le digo leyendo su nombre del gafete en su uniforme – ¿ sabes si un domingo hay algo para hacer acá en la Plata? Me parece que me quedo toda la noche de parranda por acá y vuelvo mañana a trabajar sin dormir a Palermo.

Puede ser.. creo que hay un par de boliches y acá cerca hay un pool.

-¿…Venís a tomar algo? –

Ay, me encantaría, pero me están esperando mi mamá y mis hermanos para cenar en casa. Si de nuevo no voy, me asesinan.

Bueno. Allí transcurre otra hora de charlas alternadas. Finalmente encuentro una solución provisoria para mi problema de luces y parto.

La autopista está semivacía. Son las once y cuarto.

Atravieso rápidamente el recorrido. El puente alto (Avellaneda) y el viento me dan tregua a la vuelta, colocando una camioneta pequeña de seguridad vial recorriendo lentamente justo ese pedazo de trayecto que me daba miedo. Me pego detrás y avanzo tranquilamente, lejos de los bordes y las visiones del precipicio. Tardo más tiempo pero cruzo el puente seguro.

Bajo en puerto Madero.

No hay nadie. Es tarde.

Suena el teléfono, mensaje de texto:es Ella.

Etc etc.

 

   88x31 creative comons

 

 M e N ú

MENÚ

Anuncios

comenta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s