5 (cinco)

 

 Cinco humanos en nuestra gran caverna. Cinco humanos casi a oscuras sentados en torno a un fuego. El fuego se consume lentamente, y a lo lejos, una claridad se asoma por la entrada de la caverna. Cinco humanos en profundo trance. Cinco humanos que gritamos lenta y largamente; y otras veces de manera violenta. Cinco voces distintas… poco a poco los gritos se hacen cada vez más lejanos.

 Sintiendo todo en su centro y desde mi zen observo el fuego, y como voy haciéndome cada vez más y más pequeño. Y el fuego se vuelve hipnótico… empiezo a no distinguir ya claramente entre los gritos de los otros y los que yo emito, me elevo lentamente. Estoy levitando, flotando en vuelo lento por cada detalle: por las paredes de la caverna, por la rugosidad del techo. Elevado, soy viento, me veo desde fuera. Quedan solo unas pocas cenizas de la fogata y allí veo alguien que soy yo mirando el fuego. Me veo a mí y a su vez soy yo quién miro el fuego Estoy muerto. O mi cuerpo está muriendo y soy ahora aire merodeando la caverna.

 Me divierte mi estado incorpóreo. No hay esfuerzo y todo es muy liviano. No sé si provengo de afuera o de adentro pero hay una certidumbre total habitándome, una extraña sensación de pertenencia cósmica con el entorno. Soy paisaje. De pronto, ese yo y paisaje se derrite en colores. Un ruido seco anuncia que el universo caerá girando en luces que no distingo, como en una espiral alucinatoria de viaje temporal. Como acuarelas aguadas veo pasar estelas lumínicas a toda velocidad. Cada movimiento tiene su correlato traducido en color. Repentinamente: la forma…parece ser, seré un bicho bolita.

 Soy un bicho bolita recorriendo el interior de la caverna. Palpo la frialdad de las paredes y me siento bien allí tan cercano al suelo. Me agrada sentirme tan pequeño y ver todo tan enorme. Camino con mi nuevo cuerpo ¡es muy cómodo!¡que divertido! ir hacia un punto. Camino feliz. Es fascinante ser bicho bolita. El cuerpo mismo es la conciencia hasta que ¡crach! Soy aplastado y muero. Pero no hay dolor.

El proceso se reanuda pero esta vez es más corto, o hay menos memoria de aquél viaje de colores en remolinos de luces. Relámpagos. Velocidad. Viento.

 Amanezco en una mariposa tentado con la idea de volar y sin miedo alguno a la muerte. Merodeo. El día está soleado y el bosque es muy pero muy verde. Se sienten olores, o se ven. Es muy agradable la sensación de volar, pero pronto, torpemente, choco con la tela de araña que había en una rama. Pachucha miro a mis espaldas mas allá de la tela que me atrapa: una araña muy grande me está mirando. Es tan o más grande que yo. Se acerca lentamente. No hay maldad en ella, sé que me va a comer, pero el recuerdo de las otras reencarnaciones casi me hace querer desear la muerte como se desea algo dulce. Pienso en que animal ser. Lo medito un poco y pienso en un gato. El gato es ágil el gato es listo… aparezco en un felino. Me gusta.

 Ahora soy un gato saltando por arriba de una pared. El callejón está lleno de basura y hay gente que va y viene. Es la tarde de una Inglaterra gris, en años de la primera revolución industrial, humo hollín y cajones por el suelo. Barro y olores fuertes.

 Hoy habrá comida. No la he visto aún pero debe haber rata cerca seguro. Camino por el callejón, paseo elegante. Mi cuerpo me fascina. Salto, ágil. De pronto mis garras salen solas y me palpita el corazón a toda velocidad y la sien retumba muy fuerte: es mi rata, puedo sentirla con todo mi cuerpo. La huelo, la espero, la veo claramente en primer plano ahora. La acecho… pero … un golpe fuerte en la cabeza y caigo mareado, la sangre chorrea. Un niño, de esos feos y con bastante malicia, se acerca gomera colgando, empuñando un cuchillo. Tiene zapatos gastados que le van un poco grandes, medias bajas, cortos marrones, camisa azul, chaleco, boina. Típico niño sádico asesino de gatos.

 Duró poco mi aventura de felino. Siento la carne desgarrarse. Huelo mi propio hedor. Aullido roto.

 Sin embargo ahora floto. Está calentito y siento sonidos desde un exterior. Estoy en la panza de mi madre. Todo es muy agradable. Flotar, perder la gravedad, dar vueltas. Se siente un calor perfecto. Un arrullo mese el mundo en una agradable armonía de waltz, nada es brusco, nada es sorpresivo. Algodón. Soy el ser más querido de una apacible canción. Nunca es tarde ni frío. Abrazo. Calor.

 ¡Un momento! (el agua comienza a agitarse) siento succión y un vendaval que todo lo contrae me llevará por el interior de mi mamá. Viajo, siento paredes, viscosidades, pelo, sonidos cada vez más plenos. Estoy saliendo. No tardo mucho. Unas manos me agarran y me ponen junto a ella. La primera sensación de que tengo recuerdo es muy fea: la textura del afuera es muy distinta de la del interior. El aire es frío, seco, áspero. Ahora soy yo. Respiro.

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2 comentarios en “5 (cinco)

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